Llegó a consulta una perrita mestiza, esterilizada, de talla pequeña, entrando en esa etapa a la que uno le empieza a empieza a decir "adulta mayor". La traían por algo que a los tutores mismos les costaba nombrar. Se para frente a la cama. Se queda un momento ahí, mirando. Y salta de todas formas. A veces se queja al bajar, pero no siempre.

Le tomé la temperatura: normal. Corazón, bien. Todo en orden hasta que llegué a la espalda baja, donde reaccionó con dolor. Ahí los tutores me dijeron la frase que escucho casi siempre, en distintas versiones: "pero es que sigue subiendo, le encanta estar en la cama". Sigue subiendo, sí. Eso no significa lo que ustedes creen que significa.

Un perro que duda ya te está diciendo algo

Ellos saben. Ellos saben y lo piensan: Me va a doler, pero igual me quiero subir. Y se suben.

Esa pausa de dos segundos antes del salto es la clave. El perro hizo su cálculo —lo que le cuesta contra lo que quiere— y ganó lo que quiere. Ese cálculo no aparece cuando la articulación está sana. Con la articulación sana no se piensa nada.

El error que cometemos está en el termómetro que usamos. Buscamos cojera, llanto, un perro que deja de hacer cosas. Cuando aparece cualquiera de esas, el desgaste lleva años instalado. La duda llega mucho antes que la cojera, y es tan discreta que la mayoría de los tutores la ve todos los días sin registrarla.

Qué está pasando ahí adentro cada vez que salta

Los perros son cuadrúpedos, y el punto de mayor presión les queda en la mitad de la espalda: Justo donde termina el tórax y arranca la zona lumbar. Esa unión es la que más sufre.

Ahora piense en un movimiento que ese animal ha repetido toda la vida. Subirse a la cama, bajarse, subirse otra vez. Cada repetición es un impacto, y el cuerpo responde al impacto de la única forma que sabe: cicatrizando. Refuerza la zona. La engrosa.

El problema es que esa cicatrización no se detiene sola. Fibrosa, y osifica, fibrosa y osifica. Y una articulación necesita espacio para funcionar. A medida que el tejido crece, ese espacio se va reduciendo, hasta que cada vez que el animal hace ese mismo movimiento, hay roce.

Ese roce a veces duele y a veces no, dependiendo del movimiento. Hay movimientos que no exigen que la columna se hiperextienda. El salto a la cama sí.

Más gramos, mayor tensión

Esta paciente había subido un kilo desde el último registro. Un kilo en un animal de diez suena a nada. Sobre una articulación que ya está reduciendo su espacio, es una carga significativa.

Las perras esterilizadas y los perros castrados tienen tendencia a engordar, no es por descuido del tutor: Es que baja el gasto energético en reposo y sube el apetito al mismo tiempo. Es una combinación que trabaja en contra.

Lo primero no es prohibir. Es registrar. Casi ningún tutor sabe cuántos gramos le da a su perro al día, y sin ese dato no hay dieta posible, solo intuición. Y el pedacito a deshoras (la arepa del desayuno, el trozo de carne del almuerzo) altera más de lo que parece, no tanto por lo que aporta sino por el hábito que instala. Ese premio no hay que quitarlo. Hay que darlo a la hora que es, junto con su comida.

Lo que la casa no ve, a veces lo muestra la sangre

En el hemograma de esta paciente los linfocitos estaban bajos.

La causa más común de ese hallazgo es el estrés sostenido en el tiempo, mediado por cortisol —la hormona que el cuerpo libera cuando algo lo mantiene en tensión—. El dolor crónico es una de las fuentes de esa tensión. No es un diagnóstico, es una pista: hay algo desgastando a este animal por debajo, sin que se le note en el día a día.

Un perro puede correr, comer bien, saludar en la puerta y estar sintiendo una molestia constante de bajo grado. La vida normal no descarta el dolor. Solo lo esconde mejor.

Qué se hace con esto

La radiografía de columna y cadera es lo que permite pasar de "le duele algo" a un grado concreto de desgaste, y el grado es lo que define el tratamiento. Antes de mandar cualquier analgésico se revisan hígado y riñón, porque esos medicamentos se procesan ahí y en un paciente mayor eso no se puede asumir, se tiene que comprobar.

Mientras tanto, hay cuatro cosas que se pueden hacer esta misma semana y no cuestan nada:

• Un escalón o una rampa al lado de la cama y del mueble donde se sube
• Un tapete o alfombra en los pisos lisos para que no patine al frenar
• Medir la ración con un recipiente fijo y anotar la cantidad
• Pesarlo hoy y volver a pesarlo en 60 a 90 días

Las enfermedades degenerativas responden mucho mejor mientras más temprano se empiecen a manejar. Después solo se administran.

El criterio no es esperar a que cojee. Si su perro tiene más de siete años y se queda pensando antes de subirse a donde siempre se subió, eso ya alcanza para pedir una valoración. Y esta noche, ponga un escalón al lado de la cama.

 


 

Este contenido es orientación general para tutores y no reemplaza la valoración presencial de su mascota. Cada paciente requiere examen clínico individual.

Daniel Portilla — Médico Veterinario
Director Médico, Arkadia Centro Médico Veterinario